Correr por amor al arte: con amor también se corre

Correr por amor al arte

Correr por amor al arte

Correr por amor al arte: con amor también se corre

Hoy quiero compartir un texto que justo hace 1 año escribí. Espero que os guste.

No sé describir como me siento, todo empieza con un dulce cosquilleo en el estómago, seguido de nervios, ganas d saltar, de aplaudir, de alzar los brazos y tocar el cielo. Ganas de volver una vez y otra y otra.

El correr me ha tocado con su varita mágica y me ha dado lo mejor de mí misma, emocionándome y llevándome a conocerme como nunca antes lo había hecho. La pasión que siento cuando corro por asfalto, en pista, por montaña, en la orilla del mar es indescritible. Simplemente correr, sentir mis piernas golpeando el suelo, sentir el movimiento de mis brazos y la respiración rítmica que me marca el camino y la satisfacción máxima, el viento, la brisa o el simple cosquilleo de mi cabello en la cara jugando a hacerme reír, impulsado por el viento que yo genero al correr y corro.

Siempre he corrido, a temporadas con más intensidad que otras, incluso había hecho algunos pinitos de atletismo de pequeña; pero nada que ver con ahora. No tengo palabras para describir como me hace sentir, como disfruto, como se me dibuja una sonrisa inevitable en la cara y como me emociono sola, corriendo.

Un amigo, corredor también, me dijo un día que la gente tocada por esta barita mágica de correr, realmente son personas diferentes, piensan diferente y ya se les vee de lejos una luz especial que les ilumina la mirada. Los ojos le brillan de una manera atípica y la mirada, como perdida, profunda, está sometida a aquello que un día les incentivó a calzarse por primera vez las zapatillas. Pura magia, personas que realmente hacen magia y que la contagian dulcemente a todos los que lo rodean.

He vivido esta magia tan intensamente en mi piel que sólo de pensarlo ya me emociono.

He corrido fuerte, enérgica, feliz, despistada, concentrada, cansada, acelerada, descontrolada…

He corrido en perfecto estado físico, pero también lesionada y agotada.

He corrido sabiendo que sufriría más de la cuenta y en vez de  concentrarme en la debilidad física, me he emocionado con el momento presente, con cada zancada y con cada respiración… Cuando la cabeza ha querido ponerse seria y frenarme las piernas, resulta que siempre he escogido correr, seguir adelante: “Nunca dejes de correr Charito…” Y cuando estas palabras resuenan dentro de mí, sé que no puedo fallar, no puedo parar y, entonces, es cuando se hace la magia. Muy cerca de tu límite físico aparece un ángel que te coge de la mano y te acompaña, dejas de correr con las piernas y empiezas a hacerlo con el corazón, con la pasión y con la energía que llevamos dentro. NO estamos locos por acabar cojos una carrera (o con alguna de esas lesiones que con sólo nombrarlas ya dan miedo), mal le pese a los que no nos entienden, no estamos locos. En aquel momento no es la cabeza quién manda, nos guía el corazón que sabe que tiene que acabar la carrera, correr o morir, porque no es sólo correr y, esto, ya sabemos de qué va. Es mucho más profundo de lo que puedo expresar con palabras.

Supongo que una vez tocada per esta barita mágica, ya no hay vuelta atrás. No hay marcha atrás. No me imagino una vida sin disfrutar de la fusión del paisaje conmigo misma como si al correr formaras parte de todo aquello que te rodea, la ciudad, la montaña, el mar, los bosques, los ríos…

Ojalá pudierais entender lo grande que es correr para mí. Correr no es sólo luchar para bajar de tiempo, para ganar trofeos, para tener reconocimiento social. Para mí correr es sentirme, sentir lo que llevo dentro, sentir mis límites y deshacerlos, es correr para luchar contra mis dudas, contra mis miedos y hacerme más fuerte, más libre y más independiente que nunca.

Es correr para dar energía, amor, apoyo y pasión a aquellas personas que amamos y que lo necesitan. “Corro a estimar” Porque el amor lo puede todo y con amor, sí, también se corre.

Mujeres que corren

Mujeres que corren

Mujeres que corren

Mujeres que corren

Una mujer, para sobrevivir a este desgastado y quebradizo mundo necesita de otras mujeres, un grupo de amigas que se animan y se miman entre ellas.

Es así. Una mujer para sentirse más mujer, más segura, más fuerte necesita de otras mujeres para intercambiar esas palabras que sólo ellas entienden y son capaces de descifrar.

Somos mujeres: únicas, frágiles, dulces, sensibles, emocionales, delicadas, místicas… Somos mujeres: fuertes, seguras, atrevidas, arriesgada, contundentes, astutas…

No tengo muchas amigas. Después de las vueltas que dan la vida y de los cambios que te deparan decides detenerte, respirar y limpiar tu vida. Tengo 4 amigas de las de verdad, de las de toda la vida y aunque distintas en edad, pasiones y gustos; iguales en algo muy importante: el amor que nos tenemos. Me siento muy afortunadas de tenerlas en mi vida y procuro poder decírselo cada día que tengo ocasión. Son únicas y me dan fuerza porque me entienden, me aceptan y potencian mi ser desde lo más profundo.

Además de este círculo muy pequeño e íntimo, tengo la gran suerte de haber conectado con unas maravillosas mujeres que por encima de todo aman lo mismo que yo: correr. Quedar con ellas es la bomba, nuestras conversaciones no van de vestidos, ni zapatos, ni hombres, ni niños, ni colegios, ni familias… Nuestras conversaciones son muy divertidas: marcas, metas, entrenos, logros, alimentación, ritmos, desniveles, carreras. Es apasionante tenerlas delante y poder hablar de todo lo que me apasiona sintiédote entendida, apoyada. Las miro ahí sentadas delante de mí, sonrientes, felices, positivas, emocionadas y me enamoran. Me enamoran sus palabras, sus emociones, sus pasiones y sobretodo su forma de experimentar, de apreciarse mútuamente, de darse ánimos y de superarse desde la sinceridad más pura y profunda, desde el corazón tan místico y profundo de una mujer.

Las mujeres corren, sí y somos competitivas, luchadoras, amamos los retos, la superación personal y por encima de todo, somos un equipo y deseamos que cada una siga superándose día a día. Me fascinan, las miro y me veo a mí en cada uno de sus rostros, veo sus miradas llenas de ganas de Kms, veo sus heridas, sus debilidades y son similares a las mías. Veo tanto en ellas que no podría haber escogido un grupo de compañeras más auténtico para compartir lo más grande, correr.

Sin ellas seguiría corriendo igual pero con ellas siempre todo es mucho más fácil, incluso el despertar.