Mi segunda Maratón de Montaña: Maratón Ultrapirineu 45K

Maratón Ultrapirineus

Maratón Ultrapirineu

Mi segunda Maratón de Montaña: Maratón Ultrapirineu 45K 

Después de mi primer maratón de montaña que hice con un nivel de energía mínimo, un nivel de agotamiento máximo y un miedo terrible (dos días antes había tenido gastroenteritis x culpa de unos mejillones en mal estado), venía a enfrentarme a mi Segunda maratón de montaña. Esta vez estaba físicamente preparada aunque tuve que forzar un parón de 4 días previo carrera porque no tiraba (cansancio acumulado). Esta vez iba a disfrutar y a dar el máximo de mí, hacía 4 meses que me preparaba para esta prueba y con mi entrenador nos aseguramos no dejar detalles al azar, nos aseguramos de atar todos los cabos y afrontar este reto de la mejor manera posible. Y lo conseguí. ¡Bien! Seguir leyendo

ZEGAMA: dónde los sueños se hacen realidad y, de nuevo, todos somos uno.

Emilie Forsberg en Zegama

Emilie Forsberg, corredora de Salomon y compañera de Killian Jornet en Zegama 2015

 

Es el sueño de cualquier corredor de montaña, entrar en la lotería por conseguir un dorsal y salir debajo del arco, rodeado de tus ídolos, rodeado de la magia que desprenden las montañas de Aizkorri, rodeado de una afición más que apasionada, más que auténtica; una afición única que forma parte de la esencia de un pueblo vasco volcado en la carrera más importante del mundo del trailrunning, la madre de todas, la reina: Zegama.

Yo fui una afortunada no por poder estar ahí, en la línea de salida junto a todos los campeones y campeonas que pudieron hacerlo, sino por poder vivir de cerca y desde el otro lado todo lo que significa ZEGAMA. Intentaré plasmarlo con palabras, aunque la belleza más pura es imposible describirla, imposible rodearla con palabras, ni captarla con imágenes, esa belleza exuberante de emociones y sentimiento tiene que vivirse, al menos una vez en la vida.

Subí al Aizkorri, a la misma hora que los campeones salían de meta, subimos pocos kilómetros pero subían y subían, hasta lo más alto. Aizkorri, impenetrable, exuberante, ruda, austera pero acogedora entre sus rocas. Allí arriba, ni la lluvia, ni la niebla, ni el viento, ni el frío lograron quitarnos de la cabeza nuestra idea, estar allí, sentados, esperando ver pasar a todos los corredores, del primero al último, dándole a todos hasta el último soplo de aliento. Éramos más de un centenar de corazones valientes, fuertes y felices, capaces de todo y capaces de dar lo máximo. Capaces de ver más allá de las incomodidades típicas meteorológicas, de no sentir más que el calorcito de nuestros corazones palpitando al unísono al ritmo de: aupa, oso ondo…

Una marea de gente casi tapaba el camino y entre tanto aplauso y chillido, un valiente, corriendo se abría paso entre el gentío, un guerrero sin ballesta pero con deportivas, dorsal y camiseta. Un guerrero con piernas de vikingo y corazón de superhéroe cumpliendo un sueño, subir casi volando una subida tan pronunciada como jodida. Ver sus caras entre doloridas, apasionadas, emocionadas, miradas perdidas entre sus pensamientos e ilusiones, miradas llenas de vida y de energía, miradas de concentración… Sonrisas nerviosas, sonrisas perdidas, sonrisas histéricas y amor en estado puro en cada zancada, en cada gesto de gratitud y de orgullo por saberse importantes y envidiados por estar participando en la lucha más amorosa y difícil: la que el ser humano hace contra sí mismo.

Esto es Zegama, sentimientos en estado puro, esencia minimalista, sueños, amigos, amor y un único reto compartido: llegar a meta.

La locura de llegar a meta: Mi primera maratón de montaña

Mi primera maratón de Montaña: Romanic extrem

Mi primera maratón de Montaña. Fotografía Oriol Batista Viñas

La locura de llegar a meta: Mi primera maratón de montaña

42k de cansancio, sufrimiento, dolor, agonía, desesperación, agobio, descontrol, hambre, sed, calor, escalofríos, rampas, agotamiento, esfuerzo…

42 kilómetros de superación, constancia, positivismo, libertad, alegría, felicidad, auto conocimiento, soledad, auto control, vida, compañerismo, humildad…

Una maratón te sirve para muchas cosas, ponerte al límite, conocerte, superarte… Si además eliges hacerlo en una de montaña las emociones se magnifican, las distancias suelen alargarse entre compañeros y pasas muchos momentos de soledad. Esa es la gracia de la larga distancia, sobrevivir a ti mismo, a tus pensamientos negativos, a tu mente irracional, a tu cuerpo limitado y expandirte más allá de todo eso.

Ayer corrí 42 Km de Montaña en la Romanic Extrem una carrera muy bonita, muy corredera y muy mágica. Mis primeros 10K fueron horribles, duros, agotadores, me sentía muy cansada y mi mente empezó a decirme eso de: “No puedo.” No hay peor batalla que la que se disputa internamente con tu mente, creo que son los kms más duros, los que tienes que córrer con la cabeza parándote las piernas. Pero llegas al KM 20, la mitad y de golpe un aire fresco te inunda: “¡Ya está!” Y las piernas empiezan a ir solas, relajadas, fluyendo con el paisaje con las subidas, con las bajadas y no paras de correr hasta el final.

Vi paisajes idílicos, casi como de cuento, fue algo precioso, maravilloso, me sentí muy libre, disfrutando, cargándome las pilas con los rayos del sol y transpirando naturaleza por cada poro de mi piel. Y al final, lo de siempre, últimos Kms con ganas de acabar y ves la meta, la ves ahí pero el camino no deja de ser largo y nunca termina. Entonces la mente toma partida y empiezas a pensar que una carrera es como la vida misma, hay momentos así, ves la solución, sabes que aquello que anhelas tiene que venir pero nunca llega, te vuelves impaciente y cuando la vida te pone a prueba con un repechón, te vienes a bajo porque deseabas tanto llegar ya… Pero yo luché siendo consciente, superando ese repechón con buen humor, con alegría, sabía que ya estaba ahí y que después de tantos Kms ya recorridos, daba igual esperar un poquito más. Y toque asfalto. Mis pies llegaron a esos metros de asfalto que saben a gloria, puse la directa, saqué el último kilito de fuerza reservado para mi llegada a meta. La sonrisa se dibujaba en mi cara, vi a unas niñas de la edad de mi sobrina y las hice que abrieran sus manos, que las chocaran con las mías, que me transmitieran su fuerza a la vez que yo podría transmitirles la mía, y en el sendero a meta chillé, me auto aplaudí, “¡Ya estoy!”, “¡Ya llego!”. Antes de cruzar a meta a modo de risa le dediqué un baile a Uri, tal y como le había dicho días antes que haría y crucé.

Mis padres estaban allí esperándome y los abracé, fue muy grande tenerlos allí alegres y felices, como yo. Besé al mejor compañero de ultra que una puede tener porque es un valiente y sin él ésto no hubiera sido posible y saludé a una compi de carrera, Ana, me esperó para felicitarme en esta estrenada nueva distancia, de la que ella ya es una veterana imparable y de admirar.

Y al final le gané la partida a la mente, a la barriga, a la periostitis tibial, al cansancio y al estrés. Que sí, que con ilusión, alma y ganas también se gana. O como dice Pep, con dos cojones bien grandes.

Gracias a todos por vuestro apoyo, por vuestro cariño y por creer en mí cuando yo, os juro que no daba un duro.

Si después de ésto, queréis vivir la experiencia os animo con vuestra locura, como siempre digo antes de una carrera: ¡Gas ostia!