LA SECA, LA MECA Y TRANSVULCANIA

La Seca, la Meca y Transvulcania

Subiendo el Time

La seca, la meca y Transvulcania

 Dos maratones en un mes: Maratona di Roma y Transvulcania. Asfalto y montaña, opuestos pero iguales. Misma emoción, idénticas ganas y, sobretodo, vivir nuevas experiencias que te llenan de vida. A esto le llamo yo ir de la seca a la meca. Un peregrinaje espiritual siempre en modo running.

 Transvulcania es increíble por su belleza paisajística, el contraste brutal de la isla, su temperatura, su gastronomía (al rico mojo picón), su libertad espiritual y sus palmeros (¡Muyayo!). La gente de la isla de La Palma son el auténtico corazón de la carrera. Son personas maravillosas que aparecen un instante, una décima de vida para llenarte de amor, de cariño, de palabras alentadoras que calman el alma (¡Venga cariño tu puedes!), deshacen los miedos (¡Ya estás mi niña!) y te llenan de un bienestar que puede palparse en el ambiente. Si a esto le sumas una carrera de gran dureza, ahí tienes TRANSVULCANIA.

 La maratón de montaña son 45 km con desnivel positivo de 1500 metros y un negativo de 2400 metros. Una carrera que te teletransporta intermitentemente del cielo al infierno en cuestión de segundos. ¡Brutal! Una experiencia que recomiendo a los amantes del trailrunning, algo locos y con ganas de aventurear. Esta es nuestra carrera.

 Mi experiencia fue emocionante, kilómetro a kilómetro me di cuenta de la suerte que tengo de poder tomar decisiones en mi vida y llevarlas a cabo, materializarlas, conseguirlas y respirar agotada, diciendo: ¡MÍA! Así que para mí Transvucania es más que una carrera, es una inspiración, es la vida misma con su ying y su yang, es poder si quieres y querer si puedes. Es vivir, es amar, es pasión, es salvaje, es pureza… Pura vida. La Palma tiene mucho que ofrecer y que enseñar, en ella se respira paz, amor y ese espíritu salvaje y abrupto de aquello que es indomable. La Palma es indomable y lo seguirá siendo de espíritu por mucho turismo que tenga, esa esencia no se nubla, ni se desvanece.

 Y después de dos maratones en 1 mes, toca descansar y sonreír feliz por lo conseguido y dar gracias a la vida por regalarte esos momentos y esas personas que nos acompañan en el camino y en los 45Km de carrera: Cristina, Samuel, Uri, T.T.

 Y SÍ, VOLVERÉ.

 

Mi primera maratón: Maratona di Roma

Maratona di Roma

Maratona di Roma 2016

Mi primera maratón: Maratona di Roma

Te cuentan muchas cosas maravillosas sobre las maratones, a veces hay historias emocionantes en cada uno de los dorsales, pero jamás volverás a tener una primera vez para correr tu primera maratón. Por encima de todo, disfrútala. Y este consejo fue el que seguí al pie de la letra.

Si os soy sincera no tenía mucha idea de qué iba a enfrentarme en mi primera maratón de asfalto: Maratona di Roma. He corrido algunas por montaña pero en asfalto mi tope estaba en 21K. Así que me lancé, Oriol me regaló la inscripción y a mí me pareció una maravillosa manera de pasar un fin de semana romántico, antes de nuestro día.

Roma es preciosa, carísima, pero romántica, mágica, eterna, imperial, majestuosa… Es una ciudad que impone, que te da energía por doquier y que te impregna de belleza. Creo que no pude escoger una maratón más bonita para estrenarme en los 4.2195 metros. Pero también es durísima, sus adoquines, su asfalto en mal estado, sus rampas interminables y en esta edición su calor sofocante.

Correr una maratón es algo maravilloso, lo mejor que le puede pasar a un corredor que ame sumar kilómetros sin importar el terreno. Pero no es una distancia para perder el respeto, ni para tomarse a la ligera. Pensad que Filípides pionero en esta distancia murió nada más acabar. Y existe la muerte súbita y los corredores se desploman no por ir por encima de sus posibilidades (que también) sino porque no conocen su cuerpo y para correr una maratón no puedes dejar ningún cabo suelto, tienes que tener en cuenta cada detalle hasta el final y vivir cada kilómetro con presencia y mucha cabeza. Así que si te planteas correr una Maratón. ¡Cuidado! Trabájala muy bien, no sólo entrenando sino alimentándote, acudiendo a tu médico para hacerte un chequeo y infórmate sobre todo a lo que confiere la carrera que correrás: perfil, meteo, avituallamientos… El secreto es ir preparada física y mentalmente (pero sobretodo muy mentalmente). Para salir airosa hay que hacer los deberes y tomárselo en serio. Una maratón señoras y señores no es una broma, es un reto (muy bonito) que no está al alcance de todos (porque no todos le dan la importancia real que tiene).

Mi primera maratón fue de ensueño. Estuve presente a cada kilómetro, disfruté de mi compañeros de kilómetros y me impregné de su emoción, de sus ganas, de sus sueños. Corrí sí, pero también jugué, jugué a dar ánimos a mis contrincantes, a seguir las instrucciones divertidas de sus camisetas, jugué a chocar las manos con los niños y los no tan niños, a sonreír a los perros que esperaban junto a sus amos al cruzar la calle. Jugué a esquivar a los locos transeúntes que cruzaban sin mirar (casi me como a una mujer y unos kilómetros más tarde una bicicleta), a tocar pancartas estratégicas que prometían darte 5 km más de fuerzas y soñé corriendo junto a varios grupos de campeones que empujaban sillas de ruedas o cargaban con ellas. ¡Sin palabras! Jugué a dejar mis emociones a un lado para centrarme en mi carrera. Y sin duda fue el juego más divertido de mi vida.

El muro existe, es real y está en tu cabeza. Aparece entre el 24-40, llegar a la media maratón es relativamente fácil, pero pasada esta distancia y antes de vislumbrar el 40 hay un mundo austero que se te presenta con un único objetivo: hacerte parar. En mi caso fue una cosa apabullante, de golpe un dolor invadió mi pie izquierdo (el cansancio acumulado, acrecentado por mi super pronación “de serie”) y mi cabeza empezó a contarme cosas horrendas sobre ese dolor: lesión, abandono pero por encima de todo decir adiós a Transvulcania, mi próximo reto. De golpe surgió mi YO y le dijo a mi mente ¿Qué pasa? Y mentalmente escanee mi cuerpo, recorrí cada rinconcito y me centré en el dolor, no era un pinchazo, no era una lesión, podía correr y lo haría, hasta el final. Y así, pasé mi muro. Reconociendo el vil engaño de mi mente que me hacía creer que no podía más.

Y los 2.195 metros finales se hacen eternos pero también emocionantes, tu cuerpo está extasiado, las piernas rabian de dolor, pero ves las caras de todos y sabes que lo lograste. Así, que casi sin fuerzas pero con energía arremetes contra los últimos metros recordando a personas importantes, todas y cada una de esas que te dan fuerza y te inspiran porque son las que corrieron conmigo, las que me ayudaron a tirar durante algunos kilómetros. Y cruzas la meta. ¡Ya está! ¿Ya está? Y sí, acabaste. Acabé feliz, sonriendo, caminando y delante de mí, él. La única persona casi tan loca como yo por seguirme de cerca en cada aventura. Nos abrazamos, lo habíamos conseguido. Vencimos Roma.

Mi segunda Maratón de Montaña: Maratón Ultrapirineu 45K

Maratón Ultrapirineus

Maratón Ultrapirineu

Mi segunda Maratón de Montaña: Maratón Ultrapirineu 45K 

Después de mi primer maratón de montaña que hice con un nivel de energía mínimo, un nivel de agotamiento máximo y un miedo terrible (dos días antes había tenido gastroenteritis x culpa de unos mejillones en mal estado), venía a enfrentarme a mi Segunda maratón de montaña. Esta vez estaba físicamente preparada aunque tuve que forzar un parón de 4 días previo carrera porque no tiraba (cansancio acumulado). Esta vez iba a disfrutar y a dar el máximo de mí, hacía 4 meses que me preparaba para esta prueba y con mi entrenador nos aseguramos no dejar detalles al azar, nos aseguramos de atar todos los cabos y afrontar este reto de la mejor manera posible. Y lo conseguí. ¡Bien! Sigue leyendo

ZEGAMA: dónde los sueños se hacen realidad y, de nuevo, todos somos uno.

Emilie Forsberg en Zegama

Emilie Forsberg, corredora de Salomon y compañera de Killian Jornet en Zegama 2015

 

Es el sueño de cualquier corredor de montaña, entrar en la lotería por conseguir un dorsal y salir debajo del arco, rodeado de tus ídolos, rodeado de la magia que desprenden las montañas de Aizkorri, rodeado de una afición más que apasionada, más que auténtica; una afición única que forma parte de la esencia de un pueblo vasco volcado en la carrera más importante del mundo del trailrunning, la madre de todas, la reina: Zegama.

Yo fui una afortunada no por poder estar ahí, en la línea de salida junto a todos los campeones y campeonas que pudieron hacerlo, sino por poder vivir de cerca y desde el otro lado todo lo que significa ZEGAMA. Intentaré plasmarlo con palabras, aunque la belleza más pura es imposible describirla, imposible rodearla con palabras, ni captarla con imágenes, esa belleza exuberante de emociones y sentimiento tiene que vivirse, al menos una vez en la vida.

Subí al Aizkorri, a la misma hora que los campeones salían de meta, subimos pocos kilómetros pero subían y subían, hasta lo más alto. Aizkorri, impenetrable, exuberante, ruda, austera pero acogedora entre sus rocas. Allí arriba, ni la lluvia, ni la niebla, ni el viento, ni el frío lograron quitarnos de la cabeza nuestra idea, estar allí, sentados, esperando ver pasar a todos los corredores, del primero al último, dándole a todos hasta el último soplo de aliento. Éramos más de un centenar de corazones valientes, fuertes y felices, capaces de todo y capaces de dar lo máximo. Capaces de ver más allá de las incomodidades típicas meteorológicas, de no sentir más que el calorcito de nuestros corazones palpitando al unísono al ritmo de: aupa, oso ondo…

Una marea de gente casi tapaba el camino y entre tanto aplauso y chillido, un valiente, corriendo se abría paso entre el gentío, un guerrero sin ballesta pero con deportivas, dorsal y camiseta. Un guerrero con piernas de vikingo y corazón de superhéroe cumpliendo un sueño, subir casi volando una subida tan pronunciada como jodida. Ver sus caras entre doloridas, apasionadas, emocionadas, miradas perdidas entre sus pensamientos e ilusiones, miradas llenas de vida y de energía, miradas de concentración… Sonrisas nerviosas, sonrisas perdidas, sonrisas histéricas y amor en estado puro en cada zancada, en cada gesto de gratitud y de orgullo por saberse importantes y envidiados por estar participando en la lucha más amorosa y difícil: la que el ser humano hace contra sí mismo.

Esto es Zegama, sentimientos en estado puro, esencia minimalista, sueños, amigos, amor y un único reto compartido: llegar a meta.

A por la próxima aventura Romànic Extrem: 42K de pura montaña

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A por la próxima aventura Romànic Extrem: 42K de pura montaña

Empieza mi cuenta atrás personal. 5 semanas de pura dedicación, sacrificio, entrenamientos y diversión. Comienza el juego y pienso darlo todo, pienso dejarme la piel, en cada latido, en cada gota de sudor y en cada lágrima de dolor que surja por el camino. Sólo pensarlo me entran unas ganas terribles de estar bajo el arco de salida, con todo el apoyo de los míos, como siempre, y con la cabeza y las piernas a punto para hacer lo más maravilloso que he hecho jamás: correr por montaña.

Hace tan sólo un año que corro por montaña (¡tan sólo un año!) y en mis piernas llevo ya una buena kilometrada de caminos, de pista, de alta montaña y unos cuantos Kms de desnivel… Y no pienso dejarlo. ¡Dios mío! Mientras las piernas y la cabeza tiren pienso hacer tantos caminos como pueda, quiero recorrer cada lugar, reseguir cada horizonte y conquistar tantas cimas como mi imaginación anhele. Quiero sentir el viento fuerte en mi cara, aquel viento que te ensordece los sentidos, quiero mojarme la cara con la brisa gélida de las cimas y tostarme al sol con la magia de sus rayos a primera línia de montaña. Quiero correr para divertirme, para sentirme viva y disfrutar con los míos. Quiero conquistar las cumbres, pararme, sentarme y disfrutar del paisaje, mirar atrás y sentirme orgullosa por el camino recorrido y; sobretodo, quiero sentir el silencio, ése tan absoluto y sincero, ése que sólo llevamos dentro de nuestra alma, ese silencio sepulcral que es mi regalo más preciado cuando llegas a la cima. Y sentir que tocas el cielo con la yema de los dedos, sentirte libre y disfrutar de la libertad que te devuelve la montaña

Quedan 5 semanas para mi gran reto, 42K 2060+D = Romanic Extrem, Vall de Bianya, ¡Allí estaré!

Vamooooos #gasaqui #ostia

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Cap a la propera aventura Romànic Extrem: 42K de pura Muntanya

Comença el meu compte enrere personal. 5 setmanes de pura dedicació, sacrifici, entrenaments i diversió. Comença el joc i penso donar-ho tot, penso deixar-me la pell, en cada batec, en cada gota de suor i en cada llàgrima de dolor que sorgeixi pel camí. Només de pensar-hi m’entren unes ganes terribles de ser a la línia de sortida, recolzada pels meus, com sempre, i amb el cap i les cames a punt per fer el més bonic que he fet mai: córrer per muntanya.

Fa 1 any que corro per muntanya (només 1 any!) i a les cames ja porto una bona kilometrada de corriols, de pista, d’alta muntanya i uns quants kms de desnivell… I no penso deixar-ho. Déu meu, mentre les cames i el cap tirin penso fer tants camins com pugui, vull recórrer cada indret, resseguir tots els horitzons i tocar tots els cims que la meva imaginació vulgui. Vull sentir el vent fort a la cara, aquell vent que no et deixa sentir, vull mullar-me la cara amb la brisa gèlida dels cims, i torrar-me al sol amb la màgia dels seus rajos a primera línia arran de muntanya. Vull córrer per divertir-me, per sentir-me vital, per redescobrir-me i per gaudir amb els meus. Vull arribar al cim, aturar-me, asseure i gaudir del paisatge, mirar enrere i disfrutar del camí recorregut; i sobretot, vull sentir el silenci, el més absolut i sincer, aquell que només està dins de la nostra ànima, aquell silenci de sepulcre que és el regal més preuat quan fas cim. I sentir que toques el cel amb les puntes dels dits, sentir-te lliure i disfrutar de la llibertat que et retorna la muntanya.

Queden 5 setmanes pel meu gran repte, 42K 2060D+ = Romànic Extrem, Vall de Bianya, allà hi seré!

Vamooooossss #gasaqui #ostia