CAP DE CREUS: RECONECTÁNDO-TE-ME

CAP DE CREUS: RECONECTÁNDO-TE-ME

CAP DE CREUS: RECONECTÁNDO-TE-ME. Foto: Oriol Batista Fotògraf

CAP DE CREUS: RECONECTÁNDO-TE-ME

El Alt Empordà es un paraíso de ensueño para cualquier amante del mar y de la montaña. Por eso le llaman el Paradís. Este año hemos aprovechado las fiestas de Semana Santa para peregrinar por las calles inolvidables de Cadaqués, perdernos entre sus gentes y nadar en sus playas. Pudimos respirar esa calma en sus atardeceres, conectar con su tierra, tocar sus piedras y oler su brisa salada que te conecta con los cálidos veranos de infancia en la Costa Brava. unas vacaciones en cap de creus de reconectándo-te-me porque yo me reconecto y por ende tu también de reconectas y así, aumenta la armonía.

Cadaqués es amor puro e incondicional, amor verdadero en cada rincón. Es medicina para el alma y poder recorrer sus calles y relajarse en sus playas, comer en sus restaurantes y dormir en sus alrededores es sanador para el cuerpo y el espíritu.

Estos días el peregrinaje ha sido muy auténtico por todo Cap de Creus, entre Cadaqués, Portlligat, el Faro de Cap de Creus, Port de la Selva, Llançà… Hemos aprovechado para hacer lo que más nos gusta: correr, caminar, ir en bici, pasear, tomar infusiones de rooibos con canela y reencontrarnos con amigos. Hemos compartido tiempo de calidad. Hemos re-conectado con el mar, con la montaña y con la esencia de ser simplemente y sin más.

Esta Semana Santa me ha devuelto la Fe en mí misma, en los que me quieren, en mi estrenado matrimonio (1 año ya) y en todo lo bueno que nos queda por seguir llenando de cambios nuestra vida. Dónde el ingrediente principal no deja nunca de ser la aventura y la improvisación, sin importar hacia qué dirección vamos, simplemente sabiendo que allá dónde vayamos y allá dónde pongamos el corazón siempre nos sentiremos como en casa.

El hogar y el amor, en esta vida, únicamente están dentro de uno mismo. Esto ya no se me olvida. ¡Palabra! 😉

 

La ultra distancia: correr en estado puro.

La ultra distancia: correr en estado puro.

No sabes que es correr hasta que no vives una ultra. El amplio y profundo concepto de correr lo he conocido en la montaña y con la larga distancia. Allí no hay rivalidad sólo superación, compañerismo y momentos de sufrimiento y soledad mezclados con momentos de gran valor emocional. Realmente engancha.

El pasado fin de semana fui a hacer la asistencia en carrera a Uri. Hizo una ultra de 87 Km con un total de 3000 D+, la Marxa de Resistència del Cap de Creus, por unos parajes idílicos, el Paraíso, le llaman y es que no es para menos: Llançà, Port de la Selva, Cadaquès, Cap de Creus… Hacer una asistencia a alguien que corre una ultra no es más que estar allí, en los puntos acordados para darle ánimos, transmitir tu energía positiva y ayudarle con el material o la alimentación que necesite. Es incluso mejor que correr, los nervios son los mismos, la responsabilidad es casi mayor y aunque no corras, acabas sudando la gota gorda y al día siguiente sobrecarga muscular… Pero te emocionas, disfrutas, te implicas y emocionalmente acabas corriendo junto a ellos cada uno de los Kms.

Haciendo la asistencia o acompañando a un amigo en sus últimos Kms o incluso haciendo de liebre aprendes mucho de ti mismo, de tu cuerpo y de tus posibilidades. He tenido la suerte de vivir en ambos lados de la misma situación, he acompañado a alguien en algún tramo de carrera, he sido acompañada, me han hecho de liebre y he hecho asistencia. Me quedo con todo, todo es emocionante por igual.

La primera vez que me hicieron de liebre fue en un carrera de asfalto, una media maratón, quería bajar a MMP y aunque no lo conseguí me sentí en todo momento muy mimada y arropada, la lluvia y el viento en contra no me dejaron llegar dónde quería, pero la experiencia valió la pena y a mi liebre… ¡Un diez por su paciencia y sus ganas!

La primera vez que hice de liebre fue los últimos 20K de una Ultra Trail Catllaràs de los buenos de Klassmark. Todavía recuerdo la cara de Abel, estaba hecho polvo pero sus ganas y su ilusión hicieron que voláramos hasta la meta, la gente alucinaba y nosotros disfrutamos como niños.

L a primera vez que acompañé a Uri fue en los últimos 10K de Transgavarres, una ultra de 60K por montaña, eran 10K de bajada y fue muy emocionante acompañarlo, ayudarlo psicológicamente y llenarlo de energía positiva, al final me llevó a gancho hasta llegar a meta. ¡Qué bueno!

Y me gustaría compartir la experiencia en esta última asistencia hecha, no por lo bonito del paisaje, ni por lo mágico de sentir la emoción que siente cada corredor, sino porque me di cuenta que en las largas distancias, en realidad, no hay rivales, sino compañeros, no hay ritmos sino distancias, no hay avituallamientos sino Oasis en medio de desiertos de Kms y Kms… Hay sufrimiento y alegría, soledad y autorrealización, no hay equipos, no hay competitividad y al final no hay ganadores sino valientes y campeones. En mi última asistencia pude ver a 5 amigos corriendo juntos, apoyándose, animándose, sufriéndose unos a otros sin dejar de perder la sonrisa, sin dejar de tener esa mirada que ilumina un sueño… Y a esos 5 fantásticos dedico hoy mi entrada en el blog. Magnífica lección de respeto, deportividad, humanidad y humildad, si pudiera elegir un instante desearía correr a vuestro lado desde Sant Pere de Rodes a Cadaqués, desprendíais magia y se contagiaba. Esto sí es una ultra chicos. ¡Felicidades!