ZEGAMA: dónde los sueños se hacen realidad y, de nuevo, todos somos uno.

Emilie Forsberg en Zegama

Emilie Forsberg, corredora de Salomon y compañera de Killian Jornet en Zegama 2015

 

Es el sueño de cualquier corredor de montaña, entrar en la lotería por conseguir un dorsal y salir debajo del arco, rodeado de tus ídolos, rodeado de la magia que desprenden las montañas de Aizkorri, rodeado de una afición más que apasionada, más que auténtica; una afición única que forma parte de la esencia de un pueblo vasco volcado en la carrera más importante del mundo del trailrunning, la madre de todas, la reina: Zegama.

Yo fui una afortunada no por poder estar ahí, en la línea de salida junto a todos los campeones y campeonas que pudieron hacerlo, sino por poder vivir de cerca y desde el otro lado todo lo que significa ZEGAMA. Intentaré plasmarlo con palabras, aunque la belleza más pura es imposible describirla, imposible rodearla con palabras, ni captarla con imágenes, esa belleza exuberante de emociones y sentimiento tiene que vivirse, al menos una vez en la vida.

Subí al Aizkorri, a la misma hora que los campeones salían de meta, subimos pocos kilómetros pero subían y subían, hasta lo más alto. Aizkorri, impenetrable, exuberante, ruda, austera pero acogedora entre sus rocas. Allí arriba, ni la lluvia, ni la niebla, ni el viento, ni el frío lograron quitarnos de la cabeza nuestra idea, estar allí, sentados, esperando ver pasar a todos los corredores, del primero al último, dándole a todos hasta el último soplo de aliento. Éramos más de un centenar de corazones valientes, fuertes y felices, capaces de todo y capaces de dar lo máximo. Capaces de ver más allá de las incomodidades típicas meteorológicas, de no sentir más que el calorcito de nuestros corazones palpitando al unísono al ritmo de: aupa, oso ondo…

Una marea de gente casi tapaba el camino y entre tanto aplauso y chillido, un valiente, corriendo se abría paso entre el gentío, un guerrero sin ballesta pero con deportivas, dorsal y camiseta. Un guerrero con piernas de vikingo y corazón de superhéroe cumpliendo un sueño, subir casi volando una subida tan pronunciada como jodida. Ver sus caras entre doloridas, apasionadas, emocionadas, miradas perdidas entre sus pensamientos e ilusiones, miradas llenas de vida y de energía, miradas de concentración… Sonrisas nerviosas, sonrisas perdidas, sonrisas histéricas y amor en estado puro en cada zancada, en cada gesto de gratitud y de orgullo por saberse importantes y envidiados por estar participando en la lucha más amorosa y difícil: la que el ser humano hace contra sí mismo.

Esto es Zegama, sentimientos en estado puro, esencia minimalista, sueños, amigos, amor y un único reto compartido: llegar a meta.

La magia de correr en asfalto: compartiendo un sueño.

Correr en asfalto: carrera del HIpercor Girona

Correr en asfalto: carrera del Hipercor Girona

La magia de correr en asfalto: compartiendo un sueño.

La magia del asfalto no sé mide por kilómetros sino por tiempos y ritmos. Y sí, tiene una magia única al alcance de todos pero desconocida para muchos. Seguramente en las carreras de asfalto es donde más se pone a prueba tu cabeza. Son escasos kilómetros los que hay que recorrer pero en contra juega la rapidez, la rentabilidad de cada zancada y la estrategia para llegar al final de la carrera consiguiendo tu reto: superarte. Superar esos minutos que te separan de la meta.

De vez en cuando me gusta volver a competir en asfalto, me devuelve la chispa, la fuerza, me conecta de nuevo puramente con mi cuerpo, con el dolor, con la gloria y más rápidamente todo pasa. No sólo me gusta volver al asfalto por recuperar sensaciones y saber en qué punto estoy; sino que también me devuelve al bullicio, a las personas… Vas a línea de meta y saludas a todo el mundo, alegría, nervios e ilusión combinado con esperanzas de nuevas marcas. Es otro mundo, no corres sola, hay centenares de personas a tu lado durante todo el recorrido, es más fácil perder la cabeza, dejarte llevar y acabar pagándolo al final del recorrido. Ésa es la magia, saberse contener, saber guardar los tiempos y saber justo cuando acelerar. Grande.

Si a todo esto además le añades un extra como hacer de liebre y tener que correr con la responsabilidad de sacar el máximo rendimiento a tu compañera, la cosa pasa de ser divertida a excitante. Pero tuve mucha suerte, corrí con una campeona, una auténtica luchadora, motivadísima y con la mente fijada hacia un objetivo claro, no rendirse y cruzar el arco de meta.

Lo hizo. Me aguantó un buen ritmo durante 9k y al final guardó ese kilito de fuerza y tiramos juntas a un ritmo que nos hizo llegar 6’ por debajo de lo esperado. Un lujazo, un espectáculo, un orgullo poder guiar a chicas que empiezan a retarse a correr, que empiezan a alcanzar sueños y que con destreza y perseverancia los consiguen. Fue fácil. Correr contigo, Carme, fue especial y muy fácil porque tienes una mente ganadora, un espíritu de campeona. En mi opinión tenir este tesoro es lo más importante. ¿Y el resto? El resto, créeme, viene solo.