ACOMPAÑAR CORRIENDO

ACOMPAÑAR CORRIENDO

ACOMPAÑAR CORRIENDO – Les Nenes Trail en la Maratón de las Vías Verdes

ACOMPAÑAR CORRIENDO

Siempre me habían hablado de que correr como una chica era algo tonto, inseguro y que estaba mal. Hoy nosotras luchamos para cambiar esa idea. Correr como una chica es correr con fuerza y alegría.

Hace un par de fines de semana, una amiga y compañera del equipo Les Nenes Trail hizo su primera Maratón. Ésta fue en la Maratón de las Vías Verdes de Diversport. El resto del equipo, no lo dudó ni un momento. Queríamos estar ahí dándolo todo y acompañando a nuestra amiga y compañera de penas y glorias. Así que nos dividimos en dos equipillos. Pat, Carme y yo corrimos 15 Km de Llambilles a Llagostera. El siguiente equipo la acompañó en los 15 Km finales. El resultado fue APOTEÓSICO. Con un tiempo de 4h, Anna Buadas llegó a destino con una cara de felicidad que nadie podrá superar. La jabata llegó dentro del TOP 10 de chicas y quedó primera de su categoría. ¡Toma ya campeona!

Hay que correr. Entrenar. Esforzarse. Hay que alimentarse bien. Descansar. Tomar conciencia en carrera, hacer una buena hidratación y escuchar al cuerpo.

Anna nos ha enseñado que hay que luchar por los sueños con una sonrisa  y una energía que lo irradia todo con luz y amor.

ACOMPAÑAR CORRIENDO

Por encima de todo, hay que hacer equipo porque luchar juntas es más fácil. La unión hace la fuerza y, al final, acabamos consiguiendo retos tan maravillosos como estos 42Km. Un éxito de nuestra Anna, y además, un trabajo en equipo y un exitazo para todas nosotras: Les Nenes Trail.

Acompañar corriendo es ésto, así es como corremos las chicas.

Orgullosas. ¡Toma ya!

 

La locura de llegar a meta: Mi primera maratón de montaña

Mi primera maratón de Montaña: Romanic extrem

Mi primera maratón de Montaña. Fotografía Oriol Batista Viñas

La locura de llegar a meta: Mi primera maratón de montaña

42k de cansancio, sufrimiento, dolor, agonía, desesperación, agobio, descontrol, hambre, sed, calor, escalofríos, rampas, agotamiento, esfuerzo…

42 kilómetros de superación, constancia, positivismo, libertad, alegría, felicidad, auto conocimiento, soledad, auto control, vida, compañerismo, humildad…

Una maratón te sirve para muchas cosas, ponerte al límite, conocerte, superarte… Si además eliges hacerlo en una de montaña las emociones se magnifican, las distancias suelen alargarse entre compañeros y pasas muchos momentos de soledad. Esa es la gracia de la larga distancia, sobrevivir a ti mismo, a tus pensamientos negativos, a tu mente irracional, a tu cuerpo limitado y expandirte más allá de todo eso.

Ayer corrí 42 Km de Montaña en la Romanic Extrem una carrera muy bonita, muy corredera y muy mágica. Mis primeros 10K fueron horribles, duros, agotadores, me sentía muy cansada y mi mente empezó a decirme eso de: “No puedo.” No hay peor batalla que la que se disputa internamente con tu mente, creo que son los kms más duros, los que tienes que córrer con la cabeza parándote las piernas. Pero llegas al KM 20, la mitad y de golpe un aire fresco te inunda: “¡Ya está!” Y las piernas empiezan a ir solas, relajadas, fluyendo con el paisaje con las subidas, con las bajadas y no paras de correr hasta el final.

Vi paisajes idílicos, casi como de cuento, fue algo precioso, maravilloso, me sentí muy libre, disfrutando, cargándome las pilas con los rayos del sol y transpirando naturaleza por cada poro de mi piel. Y al final, lo de siempre, últimos Kms con ganas de acabar y ves la meta, la ves ahí pero el camino no deja de ser largo y nunca termina. Entonces la mente toma partida y empiezas a pensar que una carrera es como la vida misma, hay momentos así, ves la solución, sabes que aquello que anhelas tiene que venir pero nunca llega, te vuelves impaciente y cuando la vida te pone a prueba con un repechón, te vienes a bajo porque deseabas tanto llegar ya… Pero yo luché siendo consciente, superando ese repechón con buen humor, con alegría, sabía que ya estaba ahí y que después de tantos Kms ya recorridos, daba igual esperar un poquito más. Y toque asfalto. Mis pies llegaron a esos metros de asfalto que saben a gloria, puse la directa, saqué el último kilito de fuerza reservado para mi llegada a meta. La sonrisa se dibujaba en mi cara, vi a unas niñas de la edad de mi sobrina y las hice que abrieran sus manos, que las chocaran con las mías, que me transmitieran su fuerza a la vez que yo podría transmitirles la mía, y en el sendero a meta chillé, me auto aplaudí, “¡Ya estoy!”, “¡Ya llego!”. Antes de cruzar a meta a modo de risa le dediqué un baile a Uri, tal y como le había dicho días antes que haría y crucé.

Mis padres estaban allí esperándome y los abracé, fue muy grande tenerlos allí alegres y felices, como yo. Besé al mejor compañero de ultra que una puede tener porque es un valiente y sin él ésto no hubiera sido posible y saludé a una compi de carrera, Ana, me esperó para felicitarme en esta estrenada nueva distancia, de la que ella ya es una veterana imparable y de admirar.

Y al final le gané la partida a la mente, a la barriga, a la periostitis tibial, al cansancio y al estrés. Que sí, que con ilusión, alma y ganas también se gana. O como dice Pep, con dos cojones bien grandes.

Gracias a todos por vuestro apoyo, por vuestro cariño y por creer en mí cuando yo, os juro que no daba un duro.

Si después de ésto, queréis vivir la experiencia os animo con vuestra locura, como siempre digo antes de una carrera: ¡Gas ostia!