ENTRENO: 12 KM JUSTO EN EL MISMO PUNTO DÓNDE HABÍA EMPEZADO

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Entreno by Oriol Batista

Entreno: 12 km justo en el mismo punto dónde había empezado.

Salí a entrenar, ayer, un día como cualquier otro. Esta vez mi entreno eran 12k por ciudad pero en terreno irregular con subidas y bajadas. Mi entrenador me dijo a modo de GPS (vaya crac) los sitios por dónde debía pasar. Al visualizar el recorrido antes de salir de casa, verifiqué que había alguna zona sin luz, así que cogí mi frontal y me lo planté en la cabeza como siempre que salgo a entrenar por montaña. Empecé mi entrenamiento muy motivada, poco a poco iba pasando los puntos de referencia y entre punto y punto recordaba lo feliz que me hacía recorrer las calles de mi ciudad corriendo cuando justo empezaba a hacerlo (hará ya 2 años). Me sentía fuerte, libre, con las riendas, no sé, diferente. Miraba a los demás como pasaban por mi lado como si aquello no fuera con ellos. Me encantaba.

Pues allí estaba yo corriendo entre las calles de Girona, como una corredora más de tantos que circulan sigilosamente por las calles. Me acerqué a un semáforo y un hombre con su mono de trabajo reflectante, obligando a todos a cerrar los ojos por el efecto reflejo de sus ropas con las luces de las farolas; me miró. Me miró de esa manera que un hombre que no conoces de nada mira a una mujer con mallas. Así que volví a girarme y le aguanté la mirada directa a los ojos, intentando entender qué curiosidad le estaba despertando en plena calle desierta. Ni se inmutó. Volvió a mirarme y rió con desgana y desdén. Y justo en esa mirada recordé otras, y de golpe, de golpe me vino a la mente porque me lancé a correr con firmeza, sin titubear, sin miedos ni recelos, persistentemente hasta hoy.

Recuerdo sus ojos al llegar a casa, al verme que venía de correr sin haber preparado la cena y con todo en casa por hacer. Me miraba entre enfadado y decepcionado pero a la vez se sentía superior. Superior porque para él correr no era para mí porque yo nunca podría subir cuestas, correr más de 10kms porque una mujer normal no hace eso y porque menos iba a hacerlo yo. Mi relación con esa persona acabó 2 meses después, la mía con correr había empezado más firme que nunca. Y seguí corriendo, corrí por montañas pequeñas, medianas y grandes, corrí por asfalto y voy a seguir corriendo mientras las piernas tengan sed de quilómetros.

Así que ayer recordé que correr me hace feliz porque me siento fuerte, me siento con las riendas de mi vida, con el poder de mi cuerpo y la fuerza de mi mente. Y quien me quiere me quiere así, corredora, apasionada y dispuesta siempre a afrontar retos que comprometan a mis piernas. Y feliz acabé mis 12 km justo en el mismo punto dónde había empezado.