CORRIENDO A 3’ 30” AL DESNUDO

CORRIENDO A 3’ 30” AL DESNUDO – Pic: Oriol Batista

Hoy me presento así. Tal cual. Sin trampa ni cartón. Para enseñaros lo que hay dentro. Dentro de mí y dentro de este proyecto llamado “Corriendo a 3’ 30” que inicié hará como 6 años con el único objetivo de compartir mis aventuras en el mundo del running y del trailrunning… Para que otras mujeres como yo, puedan empoderarse y hacerse igualmente poderosas para asumir cualquier reto que se propongan en la vida. Por que sí. Las mujeres somos poderosas, creadoras y somos capaces de crear el destino que queramos para nosotras, igual que creamos vida.

Y si yo pude… Dejar de fumar, dejar de comer animales, dejar el estrés, dejar de menos valorarme y seguir mis instintos, lanzarme a probar cosas nuevas y enamorarme de mí y luego del deporte

¡Tu también puedes!

Así de claro es. Siempre que lo anheles puedes acceder a ese poder femenino que nace dentro de ti sólo por ser mujer, expandirte y crear cuanto quieras en tu vida. Y usar tu poder masculino (porque todos tenemos poderes masculinos y femeninos dentro de nosotros) para hacer realidad todos nuestros deseos.

Inicié este proyecto con entusiasmo y amor. Y con él me acompañó Oriol Batista, al que muchos conocéis como un gran fotógrafo profesional deportivo (pese a quién le pese, para mí seguirá siendo siempre el mejor del mundo mundial). Una persona admirable a la que debo mi pasión a la montaña. Su manera de amarla me hizo querer cada día más y más el trailrunning y sobre todo disfrutar de la montaña en todas sus amplias facetas. 5 años experimentando juntos un camino lleno de aventuras y montaña.

El año pasado nuestra aventura finalizó y pese a que nuestra amistad está por encima de todo, está claro que la rupturas siempre son difíciles. Cada uno hizo su duelo como supo. El mío fue muy intenso. Y un año después puedo decir que por fin he sanado esa herida.

Soy capaz de mirar atrás y ver lo vivido juntos con mucho cariño y amor, sin sentir dolor en mi corazón. Y así quiero plasmarlo hoy. Que fue difícil y duro sí, pero que he vuelto a salir airosa, con cicatrices pero, en definitiva sana y salva en mi llegada a meta, también.

Como muchos sabéis anuncié mi retiro del trail, del run y de todo lo que me recordara a quién fui, hará unos meses. Y sí. Lo dejé todo. Me lancé a otras cosas y, la verdad, no eché de menos correr ni por un instante. Estaba agobiada y sobre todo dolida aún. Es difícil empezar a ser tu de nuevo, cuando tu persona está tan plenamente y socialmente ligada a otra persona. Cuando no te conocen de otro modo que no sea la “pareja de…”

Así que por mi propia salud mental y emocional, el cuerpo no quería volver a calzarse unas zapatillas y lo entendí. Lo acepté y renuncié. Pensando que quizás ahora habría que emprender una etapa nueva

Y sí, estoy viviendo una nueva etapa, conociendo a personas hermosas y maravillosas de otro ámbitos y coqueteando con otros deportes. Poniendo en su sitio cada cosa en mi vida y priorizando sólo aquello que me hace feliz.

Y entonces, llegó el confinamiento.

Y tras pasar unos meses, así, en casa. Recluida en el interior de mi adorable piso en el corazón del Barri Vell de Girona, lugar de gentío y bullicio que ahora aguardaba en sus entrañas un remanso de paz. Pues he echado de menos la montaña. Mi amada y estimada y preciada montaña. He tenido tiempo para pensar. Pensar mucho sobre mí, sobre mis emociones, mis anhelos y mis relaciones. He perdonado muchas cosas a personas y a mi misma; y he sanado algunas heridas que aún supuraban en mi corazón.

Así que al mirarme en el espejo entre bachata y zumba he vuelto a verme vibrar, vibrar de emoción al recordar mis hazañas en la montaña: Transvulcania, en la isla de la Palma, Carros de Foc, Olla de Núria, Costa Brava, Rocacorba, El Atlas, El desierto del Sáhara, Suiza, Chamonix, Le Tre cime, Lavaredo, Dolomites, Montserrat, Catllaràs, Cavalls del Vent… Y he vuelto a querer seguir descubriendo cimas… Observar la vida desde arriba y contemplar el silencio que existe no sólo dentro de uno mismo sino también fuera, el de la vida salvaje, el de la naturaleza pura y en equilibrio.

Así que retomo con ganas e ilusión el blog. No prometo muchas carreras. Pero espero seguir compartiendo emociones, momentos únicos que sólo las montañas me hacen sentir. Las montañas y correr, claro está. Porque a veces correr no es de cobardes. A veces correr  no es escapar, sino descubrirse, amarse, respetarse y saber que uno sólo necesita sus piernas para llegar allí donde quiere. A veces correr te trae personas maravillosas y también te las quita, pero sólo tu corazón es el único que sabe hacia dónde dirigir esos pasos… Pase lo que pase…

Y hoy los míos  vuelven a la montaña. Sola o acompañada, me da igual. Pero siempre a lo alto y con paso firme… Hasta que el corazón deje de latir o las piernas dejen de trotar

Nos leemos por aquí y nos vemos en la montaña… A seguir con esas rutas salvajes que llenan este corazón aventurero mío. Y entre Kilómetro y kilómetro, no os extrañe que pare a bailarle una bachata a la vida.

¡Porque mola!