EL RETO DE TU VIDA NO ESTÁ EN LAS MONTAÑAS

El Reto de tu vida no está en las montañas, sino en tu corazón. 

Esta Semana Santa me he puesto en modo SLOW.

Tenía ganas de relajarme, desconectar el teléfono y no preocuparme de nada.

Ha sido un retiro físico, amoroso y espiritual.

He nutrido mi cuerpo, mi mente y mi alma.

Todos sabemos que la naturaleza nos conecta con esa paz interior que llevamos dentro, pero que el día a día nos separa de ella, la olvidamos y el estrés nos inunda por completo. En cambio, retirarte a la naturaleza ES LA MEJOR MANERA DE CONECTAR DE NUEVO CONTIGO MISMO.

Escuhar sus bioritmos, ver salir el sol y ver como se pone.

MEDITAR.

Disfrutar del viento azotando tus cabellos, respirar ese prana energético y revitalizante.

NO pensar. NO forzar. Dejar que todo fluya a través de ti.

Reconforta el alma. 


Estar en contacto con la naturaleza con amor, sin sufrimiento, sin estrés y de forma natural. Ésa es la mejor terapia.

PASO de correr por sus senderos, a caminar descalza por ellos.

Contemplo las flores, respiro el aroma de los árboles, siento cosquillas en los pies de la hierba verde y pinchazos estimulantes de las piedrecitas y me fijo tanto en el camino que mis sentidos se agudizan.

Oigo los pájaros.

Veo pequeños reptiles que se esconden de mí.

Y me siento en harmonía porque en la naturaleza hay equilibrio.

Respiro. Respiro AROMAS, EMOCIONES, PUREZA, EQUILIBRIO, SOL, BRISA…

Y al respirar todo entra dentro de ti.

Ya no necesitas salir corriendo. Recuperas vida. Todas tus células se relajan y la esencia de la vida vuelve a recuperar sentido dentro de ti. 
No hay mejor medicina que la que nos ofrece la naturaleza, de la que formamos parte, aunque a veces se nos olvide. Ella nos regala el descanso, el equilibrio y el amor que la ciudad y la vida artificial nos quita. 


Así que más allá de correr a destajo por las montañas, TE INVITO a recorrerla con consciencia.

Y REDESCUBRES la magia, la música celestial de las montañas y dejas que te INUNDE y se instaure de nuevo dentro de ti


Es entonces cuando correr por montaña cobra sentido, pues la montaña vive dentro de ti.