Correr me ha enseñado

Correr me ha enseñado.

Correr me ha enseñado. Foto en primicia de Oriol Batista Viñas

Correr me ha enseñado

He vuelto a aficionarme un poco a twitter, lo tenía muy dejado y lo que más me ha gustado siempre es comentar los hashtags del momento, esos comentarios variopintos precedidos por una almohadilla “#”. Y como no, uno de los hastags me ha hecho volar:

#CorrerMeHaEnsenado

Y cómo no, reflexiono, correr me ha enseñado…

A respetarme, a quererme tal y como soy; y a respetar a los demás, a quererlos por lo que son, sin tratar de cambiarlos.

A valorarme, darme la importancia que tengo en mi vida; sin dejar que sea la aceptación de los demás la que genere la mía propia.

A quererme y a cuidarme, sobretodo siendo sincera conmigo misma, dejándome reír y llorar en cada momento sin ocultarme ningún sentimiento.

A luchar por lo qué anhelo siendo constante y sacrificando la comodidad.

A aceptar mi cuerpo: alimentándolo, mimándolo, descansándolo, sin obligarlo a ser etiquetado o catalogado, simplemente dejándolo ser, hermoso tal cual es.

A callar y a apreciar el silencio, sola o en compañía.

A perder, a saberme ganadora en cada pérdida y a valorar la caída como el trofeo más grande; pues no hay triunfo sin derrota.

A emocionarme conmigo misma pero aun más con los demás.

A amar sin medida cada ilusión, cada sueño, cada esperanza abierta hacia un horizonte sin límites.

A sufrir, a entender el sufrimiento, el dolor como parte de algo nuevo por empezar, sin dolor no hay placer, sin sufrimiento no hay gozo ni alegría.

A llorar de emoción por la sencillez de los detalles que decoran este viaje vital lleno de color: la emoción de un padre besando a cada uno de sus siete hijos diciéndolos uno a uno: LES AMO, antes de una salida.

A sentirme afortunada por poder hacer lo que deseo y por atreverme a hacerlo.

A amar a mi familia, a mis amigos y a mi pareja; pues cada uno de ellos ha formado parte de lo bueno y lo malo que he decidido vivir y han sido un motivo para seguir adelante.

A ser libre, amando lo que soy, lo que amo; respetando lo que me rodea y aceptando, por encima de todo, que un mundo sin diferencias y rivalidad no sería un mundo libre.

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