TRAIL CATLLARAS: un baile hacia dentro de ti mismo

Trail Catllaras

Trail Catllaras: un baile hacia dentro de ti mismo

Hacia ya varios meses que no competía en carreras, Trail Catllaras es una muy buena manera de quitarse el mono y ver cómo evoluciona tu cuerpo y tu mente: un baile hacia dentro de ti mismo. Tengo mi gran reto del año a la vuelta de la esquina y una buena manera de saber dónde estás es hacer una carrera de Klassmark, dura y maravillosa dónde las haya. Os las recomiendo.

Suenan las 6 en el despertador y me apresuro a desayunar y arreglar mi material para afrontar con ilusión una de las carreras más bonitas y atrevidas de las MISSION X3 de Salomon organizada por los Klassmark. Trail Catllaras es una carrera hermosísima y mágica, la volvería a escoger de nuevo para hacerla porque lo que te hace sentir es espectacular. La salida fue épica, la música de fondo recordándote que está a punto de empezar tu hazaña al más puro estilo espartano, a muerte los 27K y hasta el final. Casi me emociono con la música, con la ilusión compartida de otro runners, sus caras llenas de sueños, motivación e ilusión.

Arranqué a correr con el pistoletazo de salida, sin expectativas, sin agobios, simplemente escuchando mi cuerpo desde el primer minuto. Acompasaba la respiración con cada zancada, intentaba hacer caso a todos los consejos de mi maestro y sin obsesionarme, empecé a ver que iba a un buen ritmo, sin ahogarme y sin agobiarme, saludaba a los colegas que me adelantaban e incluso yo misma adelantaba a alguno otro, sin mente, sin ego, sólo yo y mi camino.

Haber hecho el recorrido la semana anterior me ayudaba a ajustar los tempos del rítmico baile que entonaban mis piernas al unísono con mi respiración. No corría, bailaba. Ésa es la sensación que tuve a lo largo de mi carrera, era un largo baile en el que alternaban pasos, emociones, pensamientos… Un baile de auto-control, auto-conocimiento y superación. Una carrera que disfruté desde el primer kilómetro hasta el último, dónde no dejé ni un detalle al azar aunque pude arriesgar mi cuerpo y llevarlo a un límite que me encantó.

No tengo palabras para descubrir el conjunto de sensaciones que sentí corriendo, pero estaba feliz, no me dejé llevar por la velocidad, ni por la fuerza, ni por la competitividad que residen dentro de mí. No hay nada que ganar y nada que perder cuando no tienes nada, cuando aceptas que las cosas no te pertenecen y que simplemente son. La responsabilidad de demostrar no te inunda y entonces, sólo te queda disfrutar de lo que amas, correr por la montaña, interactuar con las personas que se acercan a ti, los voluntarios que te atienden, los fotógrafos que te inmortalizan y los amigos que te alientan a seguir. Disfrutar.

Para mí es el regalo más grande que me llevo de esta magnífica carrera en unos parajes de ensueño y con la Pobla de Lillet volcada al 100% en la carrera y con los corredores. Enorme, indescriptible y sumamente sublime. Pienso repetir experiencia cada vez que corra. Pienso exigirme al máximo desde el amor que me mueve, desde el respeto que me valora y la magia que empuja estas piernas hasta un baile infinito, el que empieza cuando por encima de amar lo que haces y lo que te rodea, te amas a ti mismo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *